Constantine recap: E03 S01 – Nos merecemos una mejor televisión

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Si decidieron celebrar el Halloween viendo Constantine (sé que no fui el único) seguro pasaron la noche más terrorífica del año. Al menos a mí me dio mucho miedo ver cómo Constantine se transformaba en Scooby Doo.

Ese episodio es mierda y no hablaré de él, pero al menos mis predicciones se hicieron realidad y conocimos a Zed. En el cómic Zed es una exnovia de Constantine que le ayuda con algunos casos, en la serie redujeron su relación a una incómoda tensión sexual en aras de seguir las fórmulas televisivas, tan efectivas como aburridas, que siempre funcionan.

De todos modos Zed debe ser la peor pareja del mundo. No sólo le dieron la personalidad de una latina ardiente que dice sin ironía “I’m not your mamita”, al final del capítulo le dice a Constantine que supo de su encuentro cercano con la muerte porque lo estuvo dibujando mientras él pelaba con demonios. Imagina volver de una noche con los amigos para convencer a Zed de que estuviste en la oficina, sólo para que te reciba con un dibujo de cómo bailabas con la corbata amarrada a la cabeza. Seguro que igual te recibe preguntándote “¿Dónde andabas?”

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El miedo se disipó en cuanto comencé a ver el segundo capítulo. No me encanta la fórmula narrativa de Scooby Doo con la que al parecer van a  quedarse, pero regresó Chas, siguen explorando por atisbos la profunda mitología de Hellblazer y le bajaron dos rayitas al sassiness de Zed.

El episodio inicia cuando una mujer encuentra un acetato escondido tras una pared en un cuarto lleno de animales sacrificados. El acetato estaba dentro de una biblia y a nadie en todo Chicago se le ocurre que tal vez sería buena idea transportarlo así para evitar todas las cosas demoniacas que suceden después, pero está bien, la gente también es tonta en la vida real.

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Antes de que John y Chas siquiera se enteraran de que el diablo había sacado un nuevo sencillo, Zed ya había descubierto su guarida secreta con la ayuda de sus visiones y Google Maps (¿Ven? La peor novia del mundo). Supe que la serie iba a mejorar un poquito en cuanto vi a John cubierto en sangre, tratando de aprender un hechizo al ritmo de los Ramones, algo mainstream, pero está bien, es horario estelar, hay niños viendo.

BTW, ¿alguien más notó que la casa de Constantine es como el TARDIS? Porque por dentro es más grande… y tiene pasajes… ¿no, nadie? Ok, continuemos.

Una vez en Chicago, John le presume a Zedd su bolsa de trucos, donde trae una mano embalsamada, clavos del ataúd de un santo (con los que ya sabemos que van a resolver algún problema durante el clímax del episodio) y una carta mágica que casi no actúa como la carta psíquica de Dr. Who (¿no, nadie?).

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La carta-mágica-que-para-nada-se-parece-al-truco-de-Dr-Who, les ayuda a pasar la seguridad del hospital donde está el amigo de John que vimos morir al principio del capítulo. En una de esas estoy imaginando cosas, pero me pareció un bonito detalle, no sólo que hablaran de Mucous Membrane, también que escogieran una morgue para mencionar la muerta carrera musical de Constantine.

La mano embalsamada les permite platicar unos segundos con el amigo muerto de Constantine, como en Pushing Daisies, pero con menos pasteles y con más gritos de terror.  La conversación no resulta muy productiva porque, ¿quién lo diría?, los muertos no son muy buenos conversando, pero al menos obtienen suficientes datos para una búsqueda rápida en Google que los lleva hasta Marcus Mooney.

Marcus Mooney es un productor musical que agoniza en un hospital. Él les cuenta la historia del disco, la leyenda de un cantante de blues que le vendió su alma al diablo. Cuando el diablo fue a reclamar su alma, el disco grabó su voz. Marcus escondió el disco cuando descubrió que no podía destruirlo, pero la vida pasó y, como todos los viejos, comenzó a volverse imprudente; por eso, cuando un investigador privado de apellido Fell le preguntó por el disco, él le dijo “Ah sí, lo dejé en ese cuarto lleno de animales muertos”.

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John asume que el investigador privado es Ian Fell, un músico sin talento que de pronto saltó a la fama. La teoría tiene sentido, pero más tarde descubren que no fue el diablo, sino el mal gusto de los metaleros, lo que ayudó a la carrera de Ian Fell. La verdadera responsable del trato con el diablo es su esposa, Jazmine. Ella le vendió su alma al diablo para curar a su esposo de cáncer porque nada le importa más que su familia. Mientras, su hija escucha el disco embrujado que ella dejó afuera de su cuarto.

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Siguiendo su intuición, John llega completamente desarmado a la guarida de Papa Midnite, un poderoso sacerdote voodoo. ¿Qué es lo peor que puede pasar?

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Constantine está preso y los secuaces de Papa Midnite han robado el disco. ¿Quién podrá salvar a nuestros héroes? Sólo la estupidez de los villanos.

Para empezar, Papa Midnite es el enemigo voodoo que James Bond nunca tuvo. No sólo hace prisionero a John, no sólo lo mata: lo amarra a una reja en medio de un lote baldío, le inyecta un anticoagulante, le hace una pequeña herida y lo deja ahí sin vigilancia mientras él se va al cine o algo. Sin embargo, a su plan le hace falta ser más estúpidamente elaborado, así que a unos pasos de donde está amarrado John, Papa Midnite pone una botella con vitamina K, que al parecer detendrá el sangrado.

Ahora sus secuaces: ellos saben que van a robar un disco embrujado, pero al parecer la tentación de ver cómo es un disco embrujado es demasiada, porque lo primero que hacen en cuanto están solos es sacarlo de su empaque.

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John escapa, (¿quién lo diría?) y siguiendo el rastro de violencia, llega hasta una estación de radio donde los secuaces tontos quieren poner el disco.

Si algo he aprendido durante años de desperdiciar mi vida jugando FPS’s, es que llegar a un tiroteo escuchando música es mala idea. Ahora, si como Constantine, tienes que entrar a un tiroteo con los oídos protegidos, no hay mejor opción que los Sex Pistols. Ver a John luchando con los poseídos al ritmo de Anarchy in the UK es la mejor escena de todo lo que va de la serie.

Papa Midnite regresa del cine, destruye las bocinas de la estación y nadie se pregunta “¿por qué no hicieron eso desde el principio?”. Cuando él está a punto de tomar el acetato, John realiza un exorcismo, lo manda de vuelta al infierno y nadie se pregunta “¿por qué no hizo eso dede el principio?”

Al final el contrato con el diablo se rompe, Ian Fell acepta con una sonrisa en el rostro que volverá a enfrentar al cáncer y John Constantine ha salvado el día una vez más.

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Justo escribía esto, cuando decidí procrastinar y me puse a ver Punch Drunk Love. ¿La han visto? No es ni de lejos la mejor película de Paul Thomas Anderson, pero si alguien puede hacer actuar bien a Adan Sandler, es él.

Este es mi problema: no puedo evitar sentirme como un tonto, elogiando a esta serie, cuando existe el cine de Paul Thomas Anderson.

Constantine no toma ni un solo riesgo cinematográfico, cada toma es más convencional que la anterior, el guión es diez por ciento mitología del cómic y noventa por ciento fórmulas narrativas erosionadas por décadas de contar siempre las mismas historias. Si no fuera por los chistes y porque amo a este personaje, probablemente ni vería la serie.

No es sólo Constantine, casi toda la televisión que vale la pena ver está igual. La escena de la iglesia que vimos hace dos semanas en TWD es lo más innovador que he visto en mucho tiempo, pero créanme, yo podría conquistar el mundo si no pasara tanto tiempo viendo series y recientemente no hay nada que me sorprenda.

¿Recuerdan la secuencia de Every Breath you Take de Los Soprano? ¿O las tomas POV de Breaking Bad? ¡El episodio de la mosca! Todo el mundo lo odió pero sigue siendo mejor episodio que cualquiera de The Big Bang Theory… o Gotham, que se vaya a la verga Gotham, que con todo y su guión de Dick Tracy tiene una propuesta visual más interesante que cualquier serie de este prime time.

¡Nos merecemos una buena televisión, carajo! Hace no mucho podías pasar toda la noche de domingo viendo capítulos nuevos de Game of Thrones, Breaking Bad y Mad Men ¿Qué le pasó a la era dorada de la televisión? ¿A dónde se fue el renacimiento norteamericano?

Ya, que se vayan todos a la verga.



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Cuentan los que lo conocieron que una vez le dio una cachetada al Papa. A Ratzinger, no al otro.