Nota de noviembre de 2014: Cuando era yo joven escribí y anoté mis 10 poemas favoritos de Borges. Fui un zafio mozalbete. Me faltaba leer algunos poemas más imperdibles aún. Aprovechando que mejoramos el sitio y que la entrada anterior quedó destruida, la actualizo ahora con otros poemas más chidos de uno de nuestros ciegos favoritos,  junto con Ray Charles, Daredevil y Bonifaz Nuño. Los dejo con mi yo del pasado, a fuego!

Como mucho de lo que aquí sucede, entre por los lol’s y por fertilizar el limo cultural de mi agravada patria, les tippeo y traigopara Migala 10 poemas de Borges que deben leer antes de salir al mundo. Sé que hay hombres y hombres, algunos hacia la lozanía dirán que qué maravilla y agradecerán, pero otros dirán que faltó tal o cual poema; para ellos, abajito hay una barra de comentarios, pongan los suyos 😀

Quise hacer algunas anotaciones pertinentes para los iniciados en Jorge Luis, espero que algo de ceguera quiten y no emocionarme de más.

La selección tiene un orden casi arbitrario, pero hasta el Aleph, enumeración caótica por excelencia, tiene una estructura pensada para que funcione mejor; yo no puedo mentirles tanto como mentía Borges.

1 El suicida

No quedará en la noche una estrella.
No quedará la noche.
Moriré y conmigo la suma
del intolerable universo.
Borraré las pirámides, las medallas,
los continentes y las caras.
Borraré la acumulación del pasado.
Haré polvo la historia, polvo el polvo.
Estoy mirando el último poniente.
Oigo el último pájaro.
Lego la nada a nadie.

 

2 Tankas

1
Alto en la cumbre
todo el jardín es luna,
luna de oro.
Más precioso es el roce
de tu boca en la sombra.

2
La voz del ave
que la penumbra esconde
ha enmudecido.
Andas por tu jardín.
Algo, lo se, te falta.

3
La ajena copa,
la espada que fue espada
en otra mano,
la luna de la calle,
¿dime, acaso no bastan?

4
Bajo la luna
el tigre de oro y sombra
mira sus garras.
No sabe que en el alba
han destrozado un hombre.

5
Triste la lluvia
que sobre el mármol cae,
triste ser tierra.
Triste no ser los días
del hombre, el sueño, el alba.

6
No haber caído,
como otros de mi sangre,
en la batalla.1
Ser en la vana noche
él que cuenta las sílabas

[toggler title=»Notas» ]

1 Borges es descendiente de una familia de literatos y de militares, algunos de ellos, piezas clave de la independencia Argentina, coroneles y militares como Francisco Narciso de Laprida; Francisco Borges Lafinur, abuelo paterno y coronel Uruguayo; Manuel Isidoro Suárez, bisabuelo materno, coronel independentista e Isidoro Acevedo Laprida, abuelo materno.

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3 Spinoza1

Las traslúcidas manos del judío
labran en la penumbra los cristales
y la tarde que muere es miedo y frío.
(Las tardes a las tardes son iguales.)

Las manos y el espacio de jacinto
que palidece en el confín del Ghetto
casi no existen para el hombre quieto
que está soñando un claro laberinto.

No lo turba la fama, ese reflejo
de sueños en el sueño de otro espejo,
ni el temeroso amor de las doncellas.

Libre de la metáfora y del mito
labra un arduo cristal: el infinito
mapa de Aquel que es todas Sus estrellas.

[toggler title=»Notas» ]

1 El título, y el poema, aluden a Baruch Spinoza, filósofo nacido en Amsterdam en 1632. Más que ser filósofo, para ganarse la vida trabajaba como vidriero en el barrio judío, contradicción de la que surge el poema. Trascendió este hombre, y le gusta tanto a Borges, porque hizo una concepción del universo, una cosmogonía, en la que todas las cosas estaban interconectadas con una masa superior a la que se reintegraban de una forma orgánica,  para evitar peleas con la insquisición, la llamó «Sustancia divina» y que mñas bien tiene que ver con la naturaleza.

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4 Poema de los dones

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz1, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría. 2

De hambre y de sed (narra una historia griega)3
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac4 o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.

[toggler title=»Notas» ]

Poema de los dones

1 Borges fue nombrado director de la Biblioteca Nacional de Argentina en 1955, a sus 56 años, y ocuparía este cargo por casi dos décadas, hasta 1973. También, en torno a esos años se profundiza su ceguera.

2 La Biblioteca de Alejandría, que contaba con más de 600 mil ejemplares, fue incendiada posiblemente por cristianos que se levantaron contra César. Igualmente, la Biblioteca Nacional de Argentina se incendió alguna vez.

3 Midas, rey de Frigia, es el rey al que alude. Recibió de Dionisio el poder de convertir todo cuanto tocara en oro pero esto se volvió una maldición, no podía tocar su comida y murió en su palacio.

4 Paul Groussac fue director de la misma biblioteca que Borges pero a inicios del siglo XX, y también quedó ciego.

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5 Ajedrez

I
En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente1 se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra.
Como el otro, este juego es infinito.

II
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar)2 de otro tablero
de negras noches y de blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonía?

[toggler title=»Notas» ]

Ajedrez

1 El ajedrez entró a España por el Oriente, traído por los árabes y llamado aššaṭranǧ; aunque se cree que su origen primitivo es en Persia, donde se conoció con casi las mismas piezas como chaturanga en el siglo VII y que se dispersó tras la invasión árabe por el imperio Bizantino y a Rusia para finalmente entrar el siglo IX a España.

2 Omar Khayyám, todólogo persa que entre sus estudios matemáticos y filosóficos vio en el ajedrez una metáfora del destino humano, como Borges.

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6 A un poeta menor de la antología

¿Dónde está la memoria de los días
que fueron tuyos en la tierra, y tejieron
dicha y dolor y fueron para ti el universo?

El río numerable de los años
los ha perdido; eres una palabra en un índice.

Dieron a otros gloria interminable los dioses,
inscripciones y exergos y monumentos y puntuales historiadores;
de ti sólo sabemos, oscuro amigo,
que oíste al ruiseñor, una tarde.

Entre los asfodelos de la sombra, tu vana sombra
pensará que los dioses han sido avaros.

Pero los días son una red de triviales miserias,
¿y habrá suerte mejor que ser la ceniza,
de que está hecho el olvido?

Sobre otros arrojaron los dioses
la inexorable luz de la gloria, que mira las entrañas y enumera las grietas,
de la gloria, que acaba por ajar la rosa que venera;
contigo fueron más piadosos, hermano.

En el éxtasis de un atardecer que no será una noche,
oyes la voz del ruiseñor de Teócrito.1

[toggler title=»Nota» ]

1 Teócrito fue un poeta griego, fundador de la poesía pastoril o bucólica, del siglo III antes de nuestra era.

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7 El sur

Desde uno de tus patios haber mirado
las antiguas estrellas,
desde el banco de
la sombra haber mirado
esas luces dispersas
que mi ignorancia no ha aprendido a nombrar
ni a ordenar en constelaciones,
haber sentido el círculo del agua
en el secreto aljibe,
el olor del jazmín y la madreselva,
el silencio del pájaro dormido,
el arco del zaguán, la humedad
-esas cosas, acaso, son el poema.

8 Arte poética

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca1
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito2 inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

[toggler title=»Notas» ]

1 Ulises, protagonista de La odisea, poema épico griego del siglo VIII antes de nuestra era, pelea en la guerra de Troya, luego ofende al dios del mar y este interpone muchos prodigios y animales fantásticos a su intento de volver a su tierra natal, Itaca.

2 Heráclito, filósofo griego del siglo VI. Una de sus máximas sentencias es «Un hombre no se baña dos veces en el mismo río» y alude a que un objeto no es el mismo tras el paso del tiempo.

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9 Límites1

De estas calles que ahondan el poniente,
una habrá (no sé cuál) que he recorrido
ya por última vez, indiferente
y sin adivinarlo, sometido

a Quién prefija omnipotentes normas2
y una secreta y rígida medida
a las sombras, los sueños y las formas
que destejen y tejen esta vida.

Si para todo hay término y hay tasa
y última vez y nunca más y olvido
¿quién nos dirá de quién, en esta casa,
sin saberlo, nos hemos despedido?

Tras el cristal ya gris la noche cesa
y del alto de libros que una trunca
sombra dilata por la vaga mesa,
alguno habrá que no leeremos nunca.

Hay en el Sur3 más de un portón gastado
con sus jarrones de mampostería
y tunas, que a mi paso está vedado
como si fuera una litografía.

Para siempre cerraste alguna puerta
y hay un espejo que te aguarda en vano;
la encrucijada te parece abierta
y la vigila, cuadrifronte, Jano.4

Hay, entre todas tus memorias, una
que se ha perdido irreparablemente;
no te verán bajar a aquella fuente
ni el blanco sol ni la amarilla luna.

No volverá tu voz a lo que el persa
dijo en su lengua de aves y de rosas,
cuando al ocaso, ante la luz dispersa,
quieras decir inolvidables cosas.

¿Y el incesante Ródano y el lago,
todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?
Tan perdido estará como Cartago
que con fuego y con sal borró el latino.5

Creo en el alba oír un atareado
rumor de multitudes que se alejan;
son lo que me ha querido y olvidado;
espacio y tiempo y Borges ya me dejan.

[toggler title=»Notas» ]

1 Este es, a juicio de Borges, «el mejor de los muchos, quizá demasiados, poemas que he perpetrado». Su tema es la incapacidad de abarcarlo todo en una sola vida.

2 Sin duda, algún dios o ente superior.

3 Sin duda, Argentina.

4 Jano es un dios del panteón latino. Vigilaba el inicio y el final de las cosas, pues tenía un rostro opuesto al rostro. Hay un monumento en la capital del Imperio romano dedicaod a él, es un arco de cuatro frentes.

5 Cartago, ciudad de suma importancia al norte de África, fue conquistada en el siglo V por los bárbaros y destruida y masacrada en el siglo VIII por los musulmanes.

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10 El golem1

Si (como afirma el griego en el Cratilo)2
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de ‘rosa’ está la rosa
y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’.

Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron
en el Jardín. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,

la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de las Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.)3

El rabí le explicaba el universo
«esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga.»
y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
pero, a través del tiempo, lo adivino.)

Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. «¿Cómo» (se dijo)
«pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?»

«¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?»

En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?

[toggler title=»Notas» ]

1 El golem es, a juicio de Bioy Casares, el mejor poema de Borges. Un golem es una criatura concebida a través de la pronunciación de una palabra mágica. Esta idea se desarrolló en el pensamiento mágico medieval judeocristiano, pues Yavé o Jehová había hecho el mundo sólo con la palabra; así pues, los judíos intentaban encontrar esta sílaba creadora. Borges.

2 Se refiere al libro Cratilo, de los diálogos de Platón, donde se discute acerca de la palabra y el lenguaje.

3 Habla del libro La cabala y su simbolismo, de Gershom Scholem, uno de los que utiliza como referencia para su concepción del Golem, junto con el clásico de Gustav Meyrink, Der Golem, con el que Borges afirmaba haber aprendido Alemán ayudado de un diccionario.

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