Esta nota precede la exposición de Adrián González en www.pared.space. Visítenla del 1 de agosto de 2020 al 1 de septiembre de 2020.

Corrección de estilo: Beatriz Marrodán

La revolucón de las jacarandas, de Adrián González

Las enmascaradas realizaron pintas y destruyeron parabuses, además de que agredieron a elementos de la policía, quienes aguantaron los ataques y no respondieron a las agresiones. Otro grupo retiró las láminas colocadas para proteger el Monumento a Cuauhtémoc en el cruce de Insurgentes y Paseo de la Reforma, realizaron pintas y prendieron fuego. Las mujeres que vandalizan portan pedazos de hierro y hasta sartenes con los que destruyen vidrios y lo que se cruzan por su paso.

Al contrario de lo que podría pensarse, estos no son titulares de varios periódicos respecto a la marcha de las jacarandas. Es el extracto de una publicación completa del periódico  Economía Hoy a propósito de los actos vandálicos cometidos por mujeres en la marcha 8M, y que encontré sin la intención de señalar un periódico en particular.

Bullets fragmentarios, mezquinos, sesgados y fuera de contexto es el común denominador de lo que puede encontrar nuestro famélico apetito de contenido periodístico. La prensa mexicana es un amasijo amarillista plagado de acusaciones y señalamientos que se mezclan con divinizaciones de personajes mediáticos, y dejan al descubierto que no hay intención de comunicación alguna. La fragmentación del discurso es, en el mejor de los casos, una estrategia pusilánime que señala algo más importante: ahogar el entendimiento y extraviar al lector, lo cual revela un mecanismo de poder mucho más turbio.

La revolución de las jacarandas de Adrián González pone en display una saturación visual en la que los referentes se dispersan. Las imágenes desmiembran su sentido hasta tornarse reconocibles solo fragmentos coloridos, scroll de líneas fosforescentes y superposiciones en las que se adivinan pautas de lo que alguna vez fue imagen.

Al tiempo que la disponibilidad de contenidos e imágenes crecen como un banquete para nuestra mirada, la posibilidad de desentrañar los significados, de posibilitar los alcances transformadores de los actos de resistencia y la potencia de nuestras voces, se diluyen. Este fenómeno corresponde a un cambio en el sentido de realidad, el paso de un mundo estable y sólido a la dimensión líquida, como la llama Zygmunt Bauman.

La obra de Adrián evidencia que el espacio que pertenecía a las voces de los asistentes fue opacado por el ruido. Las imágenes fragmentarias y superpuestas son síntomas de un medio en el que la saturación informativa y la contaminación visual alcanzan un punto asfixiante. La vertiginosidad del consumo de la imagen va ligado a la pérdida del referente, y en consecuencia, al extravío de la memoria.

Este aspecto es uno de los temas que Paul Virilio ha cartografiado con horror en sus escritos acerca de tecnología, su relación con el cuerpo y con el poder. En una de sus líneas argumentativas, Virilio vincula la desaparición de la memoria con la inminente construcción de una realidad virtual, toda vez que la inmediatez y la instantaneidad propician un tiempo único y ubicuo, divergente al tiempo local y al tiempo histórico que resguarda la memoria. “El tiempo instantáneo carece de topos y lo topológico es lo que produce localidad”.

Virilio plantea que las sociedades de las hipercomunicaciones constituyen un pensamiento único, constituido por tres características esenciales: la ubicuidad, la inmediatez y la instantaneidad, particularidades propias del poder divino, y que por ello sostiene una potencia totalitaria.

Uno de los artistas pioneros que cuestiona el mensaje tecnológico fue el artista coreano Nam June Paik, uno de los primeros referentes del video arte en la década de los 60 que vaticinó la globalización por los medios de comunicación. Con esta certeza, Paik utilizó el televisor de manera disruptiva, encontraba en las posibilidades de la tecnología un puente de entendimiento entre la cultura occidental y la cultura oriental.

Así, la tecnología constituía el medio total para comulgar el desarrollo tecnológico con algunos preceptos de la filosofía oriental como el zen, el budismo, el yin y el yang o el I Ching. Valiéndose de manipulaciones electromagnéticas, yuxtaposiciones y combinaciones en la imagen, Paik desplegaba sus mecanismos para sabotear la imagen televisiva. Bajo esa premisa, su obra invoca actos chamánicos de transformación sirviéndose de la irrupción del tótem que se convertiría en hegemónico de la cultura: la televisión.

Mediante la irrupción del sistema, Paik y artistas como John Cage, Joseph Beuys y George Maciunas trazaron la posibilidad de desestabilizar el poder institucional y el concepto de creación artística al atacar los iconos más representativos de la sociedad de consumo. Estas premisas constituyeron la potencia del movimiento Fluxus.

En sentido opuesto a lo que apuntaba Paul Virilio, la virtualidad no constituía un desplazamiento, sino el arribo al punto de armonía mediante una purga de los contenidos comerciales establecidos por el mercado.

En Dance till you drop, el video que engloba los contenidos de la exposición de Adrián, se exponen secuencias aceleradas de noticias ampliamente difundidas en la TV mexicana. En la imagen se revela la interferencia de dos siluetas que nos son muy familiares: la secuencia de baile de Pulp Fiction, que ha sido resignificada y viralizada infinitamente en las redes sociales. La ironía es completamente congruente con los retazos de una demanda que se ha valido de la mediatización del mensaje y sin embargo permanece ahogada –tampoco es fortuito que estemos frente a un video mudo–.

Frente a un panorama en el que se anula la voz de los otros, la manipulación del discurso, sin atenerse a sus significados ni contextos, exorciza la carga del contenido visual, irrumpiendo su contenido y acotándolo en otra dirección.

De nuevo, recuerdo las palabras de Paik:

 “Nuestra vida es mitad y mitad. Mitad naturaleza y mitad tecnología. Mitad y mitad está bien. No se puede negar que la alta tecnología es progreso y la necesitamos para trabajar. Sin embargo, si solo fabricamos alta tecnología, fabricamos la guerra. Debemos contar con un fuerte elemento humano para mantener la modestia y la vida natural «.